El español está de moda en China

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Daniela AlcantaraSpagnolo
15 febbraio 2018
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5 minuti
“El español está de moda en China”, señala optimista Inma González Puy, directora del Instituto Cervantes de Pekín.

La lengua de Cervantes que une a España y Latinoamérica está logrando importantes avances en el gigante asiático, donde su curva de ascenso hace pensar que pronto superará al francés o el alemán como segunda lengua extranjera más enseñada, solo superada por el todopoderoso inglés.

Actualmente, más de cien departamentos universitarios de China, Hong Kong y Taiwán enseñan la lengua, y en cada curso se suman dos o tres más.

Esos programas tienen ya más 30.000 estudiantes matriculados cada año, a los que hay que sumar muchos miles de alumnos en escuelas primarias y secundarias o academias privadas, y de los que no hay cifras fiables. Por ejemplo, solamente el Instituto Cervantes de Pekín tiene 5.000 alumnos cada año.

“UNA FECHA INOLVIDABLE”.
Pero todo esto es muy reciente. La enseñanza en español comenzó en China hace relativamente poco y en la precariedad más absoluta.

Testigo excepcional de todo este proceso es Chen Chulan, una catedrática jubilada de español de 85 años que formaba parte del primer grupo de alumnos que estudiaron español en la universidad china, en 1952.

Tras el establecimiento de la República Popular China por Mao Zedong (1949), en el gigante asiático no se hablaba español. Pero Pekín decidió organizar en el otoño de ese año una conferencia de paz de países de la cuenca del Pacífico, a la que llegarían delegados de América Latina. El Gobierno descubrió con horror que no había nadie que supiera español para servirles de intérpretes.

El primer ministro, Zhou Enlai, ordenó en verano a la Escuela de Lenguas Extranjeras que pusiera en marcha clases de urgencia.

Chen, que en 1952 estaba a punto de graduarse de sus estudios universitarios de francés, recibió junto a otros compañeros la orden de integrarse al nuevo programa de español. Las autoridades pensaron que los alumnos de francés podrían aprender más rápido los elementos básicos del español.

Esta mujer alegre recuerda con una amplia sonrisa que el día que les dijeron que tenían que estudiar español fue una “fecha inolvidable para nosotros”, ya que les cambió la vida para siempre.

El principal problema era la falta absoluta de medios, ya que no había libros ni profesores. “No teníamos nada”, rememora Chen en una entrevista con Efe.

La cuestión básica es que “entonces en China nadie hablaba español”, ya que los pocos que lo hacían se habían ido a Taiwán con Chang Kai Shek tras el final en 1949 de la guerra civil que llevó al poder a los comunistas encabezados por Mao.

La única persona que encontraron que supiera algo era Meng Fu, que había aprendido un poco como diplomático en Chile antes de la Segunda Guerra Mundial. A Meng se le ordenó dejar su trabajo en la organización de la reforma agraria e incorporarse a la escuela. De los primeros 15 alumnos, ocho eran estudiantes avanzados de francés.



SIN LIBROS NI MANUALES.
Así funcionaban entonces las cosas en China, si las autoridades consideraban que algo era importante, se ordenaba a las personas trabajar en ello, porque era su deber patriótico.

Otro problema grave que tenían los primeros estudiantes de español es que no había libros ni manuales. Sólo se encontró un viejo diccionario español-cantonés, editado en Filipinas por misioneros españoles. Chen Chulan, nacida en Cantón y cuya lengua materna era el cantonés, podía trabajar con él, al contrario que la mayoría de sus compañeros.

El profesor Meng y Chen Yongyi, un profesor autodidacta que posteriormente llegó a ser intérprete de Mao, elaboraron un folleto escrito a mano en el que incluyeron palabras y expresiones de uso corriente, como “hola, buenos días, señorita, comida, ¿cómo está usted?…”.

El primer paso fue el estudio de la fonética. Meng les explicó la pronunciación y las reglas de acentuación en justo tres horas. Las clases de conversación duraron apenas dos semanas.

La conferencia tuvo lugar en otoño de 1952, con 110 delegados latinoamericanos, y aunque los traductores salieron del paso (usando el francés con frecuencia) su español era muy básico.

Chen recuerda una anécdota muy divertida, en la que un compañero suyo, traductor del chileno Pablo Neruda, llevó a éste al zoo de Pekín y, una vez allí, le dijo que iban a ver “un cerdo grandísimo”. “Tonto, es un elefante”, respondió el poeta al verlo.

Acabada la conferencia, el primer ministro Zhou ordenó crear programas de español en la universidad y en febrero de 1953 comenzaron las clases, con Chen Chulan a la vez como estudiante avanzada del primer grupo y ayudante de Meng.

Para entonces ya tenían dos manuales de español traídos del Ministerio de Comercio Exterior de la URSS, pero que hubo que traducir del ruso. “Teníamos un profesor, dos manuales y dos libros”, recuerda Chen.

Chen cuenta entre sonrisas que el “pobre señor Meng” dimitió tres veces, deprimido porque los alumnos planteaban dudas para las que no tenía respuesta, como la lógica de los verbos irregulares, o las diferencias entre pronombres como “esto/este o eso/ese”. Sin embargo, el rector de la ya nombrada como Universidad de Lengua Extranjeras siempre acabó convenciéndole de que su deber patriótico era continuar.

La esposa del pintor chileno José Venturelli, que participó en la conferencia de paz y se quedó en Pekín, fue “la salvadora”, pues dio clases y asesoramiento sin cobrar.

Después llegaron profesores españoles, exiliados que dejaron el país tras la Guerra Civil y que llegaron a Pekín procedentes de Rusia. Chen recuerda con especial cariño a Ataúlfo Melendo.



UN CANAL DE TELEVISIÓN EN ESPAÑOL.
Otro detalle que recuerda es que el primer ministro siempre “se preocupó mucho por nuestra sección”. Por ejemplo, cuando el jefe del Gobierno viajó en 1954 Ginebra para una conferencia internacional sobre el futuro de Vietnam, su secretario personal llamó al programa en español para preguntar si necesitaban algo: volvió con una caja de discos de clases de español para el viejo gramófono que tenían.

Chen destaca con fuerza cómo, pese a la falta de medios, todos (profesores y alumnos) trabajaban con entusiasmo y sacrificio, estudiando por las noches y los fines de semana, ya que “el país nos necesitaba”. De esa primera clase de estudiantes de español salieron profesores, embajadores e intérpretes de los líderes chinos.

Tras graduarse en 1956 Chen siempre enseñó español y llegó a ser catedrática universitaria. “Me interesa más la metodología, la lingüística aplicada”, explica. También participó en la elaboración del primer diccionario chino-español, de 1958.

Casada con un ingeniero electrónico, su marido le ayudó con dispositivos tecnológicos para incorporar a sus clases cintas de casete, después con cintas de vídeo, y luego con disquetes con los primeros programas de enseñanza informática, ya en los años 70 y 80.

Jubilada en 1996, Chen estuvo tres años contratada en Venezuela, entre 2000 y 2003, dentro de un programa para enseñar español a trabajadores de empresas petroleras chinas instaladas en ese país.

Se trataba del inicio de la tendencia que la directora del Cervantes de Pekín ha constatado en los últimos años. Antes, la mayoría de los estudiantes del centro eran universitarios que querían aprender español para poder acudir a una universidad española o latinoamericana.

Ahora, una buena parte de sus alumnos trabajan en grandes empresas, a menudo corporaciones estatales chinas, y que necesitan aprender español (a menudo técnico) porque su compañía opera en países hispanohablantes.

González destaca también el aumento que han tenido en los últimos años en la demanda de cursos para niños y adolescentes, y también en los colegios (tanto internacionales como chinos) “que nos piden profesores de español como segunda lengua extranjera” para los chavales.

El español ya ha llegado a la televisión estatal china, el grupo CCTV, que en noviembre pasado organizó su tercer concurso de español, al que se inscribieron varios cientos de aspirantes y, por primera vez, se incluyeron niños de enseñanza primaria, no como concursantes, sino a nivel de demostración.

CCTV tiene un canal en español que, además llegar a España y Latinoamérica, se puede ver en China. Esto y la proliferación de métodos y páginas de enseñanza a través de internet o de aplicaciones de teléfono móvil hace que aprender español sea más fácil que nunca en China.

Preguntada sobre cómo ve todo este cambio después de los comienzos heroicos de 1952, Chen Chulan solo tiene una palabra sobre este contraste: “enorme”.
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